domingo, 11 de diciembre de 2016

Silvestre Katatxán ("Mambo").


Silvestre Katatxán nació en el planeta Nueva Markina, en el sistema Chacolí. Se alistó muy joven, por aquello de ver galaxia, y no tardó en despuntar como combatiente feroz y lleno de recursos, por lo que no resulta extraño que lo ascendiesen a cabo a la primera de cambio. El caballero lejionario Katatxán no sólo sobresalía en combate: en los permisos gustaba de bailar los sones latinos de Pérez Prado, y llegó a ganar algún que otro concurso en esos garitos de mala muerte que frecuentan los lejías en sus descansos. De ahí que en la lejión se le empezase a conocer como "Mambo".

Sin embargo, durante un operativo antizombi en Los Cerros de Úbeda, todo el pelotón de "Mambo" cayó en combate. Él mismo salió mal parado y salvó la vida por los pelos cuando llegó el segundo escalón de asalto. Eso sí, no sin antes fumigarse él solito a centenares de bichos come-cerebros.

Aquella misión dejó secuelas duraderas en nuestro héroe. Para remate del tomate, y poniendo por excusa el cambio de carácter del atribulado Silvestre, su novia Yésica (la Yesi), camarera de un club de alterne en el mundo natal de Silvestre, lo plantó para liarse con un guardia marina de blanco uniforme aficionado al tecno-regatón.

"Mambo" intentó reincorporarse al servicio para olvidar a la Yesi, pero los test psicotécnicos aconsejaron al MALEJ licenciar prematuramente a este hombre roto y presa del estrés post-traumático.

Katatxán vagó sin rumbo por el espacio, unas veces como polizón en astronaves de carga, otras como pinche en naves comerciales (por su ascendencia vascuence era muy cocinillas), otras como danzarín en cruceros siderales. Finalmente recaló en Carnabystreet, la capital del planeta Soho, donde finalmente encontró trabajo como cocinero en un restorán local especializado en comida vasca. Sin embargo, un sheriff (comisario de policía, pa entendernos) que acudía con sus hombres a comer al restaurante donde laboraba "Mambo", ahíto de sangría, empezó a tocar la fibra sensible de nuestro españolísimo caballero legionario con lindezas como "greasy Daigo", "wog", etc. Silvestre, claro, se hartó y, viéndose acorralado, se lió a tortazos contra el malvado hijo de la Pérfida Albión y sus secuaces.

Silvestre, que comenzaba a encajar más de lo que repartía, profirió de forma un tanto inconsciente el inmortal grito "¡a mí la Lejión!"... Y la cosa funcionó. Pues quiso el destino que en aquel antro estuviesen en esos momentos un grupo de jóvenes lejionarios españoles de permiso, que habían aprovechado para acudir a ver conciertos de música yeyé al swingingmundo de Carnabystreet, y a la sazón se hallaban degustando un bacalao al pil-pil para reponer fuerzas. Restablecida la paridad numérica, no fue difícil a los lejías españoles dejar sentada la suerte del combate antes de darse a la fuga con Katatxán a la cabeza, sin pagar la cuenta y dejando el restorán hecho unos auténticos zorros. Burlando la persecución de Scotland Yard, el indómito grupo de lejías logró finalmente escapar de Soho y, tras múltiples peripecias, llegaron a territorio español.

Uno de aquellos jóvenes caballeros lejionarios, Potxolo Miláns-Ashtray Jr., era ni más ni menos tatara-tatara-tatara-nieto del mismísimo general D. Manuel Miláns-Ashtray (ese cyborg manco y tuerto cuyo leitmotiv de "Viva la Suerte" le valió el apodo de "El Binguero"). Potxolo, entusiasmado por la aventura vivida junto a Katatxán, pidió a su ilustre abuelo que moviese hilos para devolver a "Mambo" al servicio al frente de una unidad de combate lejionaria. Cosa que el MALEJ no tardó en hacer.

Y, colorín colorado, este cuento hasta aquí ha llegado. Silvestre Katatxán, "Mambo" para amigos y enemigos, vuelve a estar donde tiene que estar: en punta de lanza, repartiendo contra todos aquellos que osen enfrentarse al poderío del Imperio Español. Y la Yesi, que ha dejado al guardia marina de blanco uniforme, le espera en cada permiso en su club de alterne de Nueva Markina.


(Imagen modificada sobre una miniatura de W40K de Alfonso Giraldes "Banshee").